El nuevo partido rechaza todo tipo de violencia “sin ambages”, incluida la de ETA, y ha insistido en que no se trata de “una reconstitución o refundación de organizaciones ilegalizadas, sino de materializar una línea de separación de una indubitada ruptura respecto de ellas”.
El dirigente de Batasuna Rufi Etxeberria ha anunciado que el nuevo partido de la izquierda abertzale rechaza la violencia, incluida la de ETA “si la hubiera en cualquiera de sus manifestaciones”.
Tras proclamarse “independentista y socialista”, el nuevo partido apuesta por “la nación vasca y en su legítimo derecho de defender su futuro, huyendo de contextualizaciones políticas sobre actuaciones violentas, la izquierda abertzale ha resuelto desarrollar su proyecto político por vías exclusivamente políticas y democráticas”.
“El compromiso de este nuevo proyecto político por las vías exclusivamente políticas y democráticas es firme e inequívoco, no estando sujeto a variables tácticas o factores coyunturales. En eso no hay marcha atrás posible“, ha dicho.
Etxeberria ha anunciado además que en los nuevos estatutos la izquierda abertzale “rechaza la violencia y se opone al uso de la violencia o a la amenaza de su utilización para el logro de objetivos políticos y eso incluye la violencia de ETA si la hubiera en cualquiera de sus manifestaciones”.
A las 11.05 horas comenzaba el acto en un abarrotado Palacio Euskalduna, que se ha quedado pequeño ante la expectación generada. Tras Etxeberria, el abogado Iñigo Iruin, que lleva dos años trabajando en los estatutos de la nueva formación política de la izquierda abertzale, ha declarado que “esta no es una refundación de partidos ilegalizados, sino una ruptura respecto a ellos”. Iruin ha detallado que la formación adopta “el compromiso de reconocer y reparar a las víctimas de todas las violencias”.
Cómo siempre, Euskal Kexak se moja, y lo primero que se pregunta es cómo se puede reparar a las victimas, unas victimas que han perdido tanto, que les sonará a chiste.
Pero más allá de esto, debemos preguntarnos también, si por desconfianza podemos prohibir que esta marca política se presente aún cumpliendo los requisitos legales. Es decir, si se presentan será porque la ley de partidos lo permite así ¿no? Lejos del escepticismo, ¿debemos o no arriesgarnos? ¿Nos podemos permitir una decepción más? ¿Tienen algo de confianza gente que la ha perdido tantos años? ¿Se podría esperar más de este partido si estuviese formado por gente distinta?
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